martes 18 de octubre de 2011

Segon disabte de septembre.

Li ho comentaba a Enric l'altre dia, una experiencia que vaig tindre fa ja molt de temps enrere. No recorde exactament l'any però si el dia de la setmana i el mes.

La questió és, que per aquella época, i a falta de diners per a tindre un veler propi, disfrutava de fer cursets de vela en els ports prop de València. En aquest cas a la Pobla de Farnals i en un veler de mitja tona. Un barquet precios.

La setmana anà bé però disabte al matí, l'oratge no estaba molt bo, fea núvols i fresc, i pese a tot, varem eixir del port.

Navegant cara a Sagunt, el patró, el xicon que ens donaba el curset va dir: "Vámonos a casa... que por allí se ven muchos borreguitos", referint-se a que per Sagunt començava a bufar l'aire, així que donà la volta, i enfilant a la Pobla de Farnals, a tota vela i en el motoret "fuera-borda" en marxa, xano xano, començà la experiència.

De prompte plogué i la plutja freda ens empapà a tots, però, quasi sense donar-nos conte començà a bufar l'aire, fent que la mar, al golpejar la embarcació botara per sobre la coberta. Les ones ens passaben per damunt i la vela la tinguerem que replegar per oferir menys resistència a l'aire.

Quan l'ona passaba per damunt nostre, la sensació de l'aigua de la mar era tébia en contrast amb la plutja freda, i així, de gaidó amb el barquet tot escorat i barallant-nos en el vent i la mar, aribarem al port.

Allí, a la bocana havien alguns pares preocupats ja que en aquell curset es barrejaven persones de totes les edats, i alguns xics i xiques jovens.

Mon pare, tot preocupat sabent que me'n anava a navegar, telefonejà a la meua dona contagiant-se la preocupació del u a l'altre, i jo, el home més feliç del món després de haver viscut la més terrible experiencia a la mar, la de quasi naufragar per una tormenta.

Allò quedà en el record i pot ser que algun dia ho oblide però, ho vaix viure amb molta , molta intensitat.

viernes 9 de septiembre de 2011

Lo escribió mi padre.

¡Qué placer me causa entrar en Internet y encontrarme por casualidad con un escrito de mi padre!, de aquellos que enviaba a la sección Cartas al Director.

Lo transcribo aquí, pues es un recuerdo muy entrañable. Y recuerdo, con lágrimas en los ojos y un nudo en la garganta, cuando en casa me leía esto mísmo como un borrador manuscrito, poniendo especial énfasis en la puntuación de este mismo texto:


La Pesca y sus hombres.

Una de las aficiones más capaces, y más veces ganadoras, en concursos nacionales, es la valenciana. Y esto no se da por casualidad; ello es debido a que sus hombres, su estilo y zonas naturales, de este litoral, ha formado un conjunto, que de hecho, nos califica y hace eficaces.

Y esto se ve potenciado, por hombres y también mujeres, que con muy buena disposición y arte, han ido ofreciendo a la juventud, su experiencia, y traspasando el “testigo” deportivo, de la pesca, a los que les siguen dando, eso que llamamos “herencia” cultural pescadora, en esta entidad valenciana.

Y esto no significa que nos damos auto bombo, es algo y son hombres, de carne y hueso, de los que se puede aprender, y que pretendo exaltar, su labor hasta ahora anónima, pero noble y tan favorable. Citando a uno como ejemplo y símbolo, que me honro en conocer, y con el que he compartido, algunas jornadas de pesca.

Conocido en la zona, como el “Tío Boro”, que es como le mencionan los jóvenes o “alumnos”, y todos los demás, según reminiscencia árabe, que llamaban “tío”, a las personas a respetar. Esta zona de pesca mencionada, está ubicada en la desembocadura del río Nuevo, del Plan Sur. Y su condición humana, y trato es grato. Y su ánimo al ayudar y aconsejar a quien se lo pide, es siempre muy digno, afectivo, y valioso. Por eso tiene amigos.

Labor ejemplar

Con sus conocimientos y experiencia, igual captura, cuando se dedica a ello, un “verderol” de 25 kilos, como una palomina de 15, que un “dorao”, de 10. O lisas hasta llenar un capazo. Y siempre con una sonrisa, sin orgullo equívoco, por lo que “admira” y no ofende, a los que tiene al lado. Y esa es una lección más, para alguno que otro, dominado por la envidia, o la insana inquietud.

Y aún se permite, como buen artesano que es (como lo somos los valencianos), obsequiar a sus amigos y a los demás, con “surets”, y otros accesorios de pesca, bien acabados por él mismo. Y eso en mi conciencia y sentimiento, produce la intención de exaltar a esta persona, y su estupendo quehacer, entrañablemente valenciano, pescador y humano.

Por lo cual, y para que no se pierda en el anonimato, este protagonista y su efeméride, en esta labor tan “bonita”, y ejemplar, como ofrece el señor Boro, me he tomado la libertad de exponerlo a los cuatro vientos, porque es meritorio en sí, y para la idiosincrasia valenciana. Y termino con un dicho socarrón, pero con mucha enjundia, que repite el mencionado protagonista, y que dice: “¡No piquen!¿Pero... i si picaren?”Que es como decir: “No os desesperéis, que debemos tener esperanza”. Y eso es sabiduría popular valenciana.

Manuel Escorial Lázaro
LAS PROVINCIAS, miércoles 28/7/1993

miércoles 27 de julio de 2011

El lucio.



Fa uns dies, Enric, la persona que m'ajuda amb el meu valencià, em fea una pregunta sobre el nom d'un peix conegut en castellà con lucio, Esox lucius (Linneo, 1758).

Hi han peixos, pardals, altres animals i coses, que no tenen un nom en valencià. Açò és perque se han introduït fa poc de temps enrere al nostre entorn. En el cas del Esox lucius, des de els llacs i rius d'aigües tranquil·les de l'Europa central a finals del segle XIX.

Per al Esox lucius, en l'idioma valencià o del domini linguïstic, trobem que algú li ha posat el nom de Lluç de riu però crec jo que per simpatia ja que potser llobarro de riu no li quedava tan bé.

I per què aquesta entrada? Aleshores, perque a casa de mos pares hi havia un plat pla, com una safata, que duia un lluç de riu pintat al mig, un plat de vaixella, d'eixos, anglesos o alemanys del segle pasat.

Sempre m'agradà l'aspecte fi del plat i el peix al mig, perfecte, depredador, preparat per mossegar i al temps, per nadar sinuossament entre dos aigües.

miércoles 25 de agosto de 2010

Un tiempo sin mirar la mar...

Hacía ya tiempo que no publicaba una entrada en este Blog, e intentando recordar, si que es cierto que este verano he ido algunos días a la playa con mi mujer, tanto a la playa de Pinedo, a la que solemos ir todos los años, como a la playa de El Saler.

Esta última playa entronca con vivencias infantiles en las que pasábamos todo el día expuestos al sol mientras mi padre pescaba. Y cuando llegábamos a casa teníamos que empaparnos en vinagre para rebajar la inflamación de la piel.

Un día de esos de pesca y playa, en El Saler, mi hermano mediano perdió pie y se metió en esos surcos que hace el agua al retirarse de la orilla, hay quien los llama hoyos. La cuestión es que mi madre de inmediato vio que el pequeño se escurria hacia dentro del agua en un lugar donde debería de hacer pie y lo cogió "al vuelo".

Al entrar en la playa, las piedras y cantos rodados se clavan en la planta de los pies, y entrando más en la orilla, de inmediato, caes en ese surco cubriéndote el agua por la cintura para seguir andando hasta un punto elevando en el que no te cubre más que por la rodilla, desde donde luego sigues y te ves prácticamente nadando con el mar por los hombros.

Es una playa, dicen, traicionera en este sentido. No te puedes fiar mucho y si hace un poco de mar la corriente suele ser notable por entre esos surcos que discurren paralelos a la orilla.

Mi madre también solía contarme que mi abuelo naufragó con su barca frente a la playa de El Saler, que fueron unos lugareños a rescatarles y que después de aquello mi abuelo solía acercarse a las casas conde vivía aquella gente para llevarles pescado fresco como agradecimiento. Eran otros tiempos.

lunes 24 de mayo de 2010

Cambios en el gusto.

En mi mente y también en mi corazón quedan lor recuerdos relativos al gusto. Al gusto relacionado con la gastronomía.

No me gustaban la longanizas de Frankfurt, por ejemplo, pero luego más tarde si me agradaron con buena cosa de Kepchut, cambió mi gusto. Igualmente no me gustaban para nada las verduras igual que a cualquier niño de hoy, y de ayer también, y sin embargo es uno de mis platos favoritos ahora.

El repollo me encanta y precisamtne el otro día "inventé" una receta con repollo de lo más sencilla y exquisita.

Me invento recetas y a algunas les doy nombre como a los Rollitos Escorial, hechos con carne picada, etc. pero esto lo contaré otro día. Al igual que la receta de Macarrones Rellenos que asombra a todos los que están atentos al plato.

No me dilato más. Hace falta: medio repollo; setas de cardo; un diente de ajo; agua; aceite; sal; finas hiervas; unos huesos de pollo para hervir.

Se coge medio repollo y se hierve en una cazuela con unos huesos de pollo para que aporten algo de gusto, y una vez hervido y en su punto, se aparta.

En una sarten amplia se frien unas setas de las de cardo cortadas en juliana y un diente de ajo pequeño. Se puede añadir algo de hiervas, como orégano o algo similar, pero poquito.

Se añade el repollo hervido en trozos cortados como de juliana y se añade un poco más de aceite antes para compensar. Se dan unas vueltas para que el repollo pierda agua y cuando ha tomado color se aparta y se sirve directamente en el plato.

La gracia de este plato es el intenso contraste entre las setas y el repollo, y puede ser un plato principal, o acompañar una carne o un pescado.

Y pensar en que mi madre, Teresa, me persegía con una zapatilla en la mano a la hora ce comer verduras...

miércoles 19 de mayo de 2010

Les oronetes.

Me contaba mi padre cosas de cuando vivió en la Carrasca, una zona de la huerta de Valencia próxima a la ciudad.

En época de gerra cuando él tenía 10 años y correteaba con un almuadón a la espalda mientras los aviones sobrevolaban los campos para dirigirse a bombardear el puerto. Me imagino esa fascinante imagen y a la vez terrible de los aviones pasar y dejar caer las bombas, el ruido la forma aeroidinámica de los aparatos y la terribilidad... Dios.

Para los ojos de un niño la tecnología y la belleza de aquello que se enlairaba y era capaz de sustentarse en el aire sumado a la destrucción debió de ser falgo tremendo.

Pero yo quería hablar de pájaros otra vez, de las golondrinas, bueno, realamente no sé si de aviones, vencejos o golondrinas pero si de quellos que con sus chillidos y vuelos atrevidos volaban a ras de suelo comiendo los posibles insectos que se cruzaban en su veloz camino.

También para los ojos de un niño valiente e inquieto, que buscaba aventuras serían, estoy convencido, todo un filón. Intentaba cazarlos con una caña que en su extremo tenía unos cables o alambres atados y que movían cuando se aproximaban las aves.

Explorar el mundo en ocasiones tiene eso, cierto nivel de crueldad pero me satisface enormemente que él siempre tildó aquello de custión infantil, y que se debía de respetar precisamente a les oronetes, que es como se llaman en valenciano a los aviones, vencejos y golondrinas.

Hoy día las veo pasar cerca del cauce nuevo del Turia inundando el cielo, o entre los campos cuando voy a visitar a mi madre, y en mi interior aparece la imagen de mi padre de niño intentando cazar una aventura de niño.

viernes 26 de marzo de 2010

Tijeretas cortapichas.

Madre de Diós qué miedo daban, con sus pinzas medio abiertas, sobre todo cuando levantaban el abdomen... jamás hubo un insecto al que los niños tuviésemos tanto terror.

Y además te cortaban la picha, es decir el pene, eso si que era terríble, que cortasen aquel apéndice que de cuando en cuando cobraba vida propia y sobre el que no tenías control en las frias mañanas de primavera. Pero volviendo al insecto. Si, era terrible.

Vivían en el campo, debajo de las piedras y no era raro encontrarlos, al menos en la zona en la que yo viví de niño, con tantos campos y huerta entorno a unos pequeños bloques de edificios.

Más mayor y habiendo olvidado las miradas de esos cinco o seis años sobre el terrible monstruo cortapichas, aún seguia llamandome la atención sus fieras tijeretas.

Recuerdo que ya casado, planté un olivo para cultivarlo con la técnica bonsái y entre sus raices me encontré con un hermoso ejemplar. Lo tomé entre mis manos con sumo cuidado y lo observé, resultando un bicho de lo más interesante. Bueno uno no, venía con sus peques, que por cierto cuida como sólo una madre cuida a sus pequeños.

Lo dejé entre las raices del olivo pensando que ventilaría la tierra pero no pensé en que quizá se podría comer las raices del árbol, qué ingénuo por mi parte.

Ahora no recuerdo a santo de qué ha venido a mi mente el recuerdo de este bicho. Quizá por lo absolutamente aventurero que me resultaba levantar una piedra y verlos allí esperando a que sucediese algo más, tal vez debido a que me gustaría tener de nuevo eso cinco años para que me aterrase eso, un bicho cortapichas...