Durante las fiestas, reuniones familiares claro. Turrones y cava que desatan las lenguas y una vez desatadas, pues eso, hablamos del arroz.
No voy a desmentir ni a desdecir a nadie mediante este comentario ya que entiendo que cada cual tiene libertad para guisar como desee, incluso para opinar como desee, por supuesto. La cuestión es: que sobre el arroz a banda se ven muchas recetas todas ellas muy correctas y seguro que muy buenas puestas en marcha, pero de todas ellas, y doy fe de ello, nada tinen que ver con el arroz que preparaba mi madre.
De todo esto tiene la culpa el pequeño, Rafael, que será siempre el pequeño pero que nos trae a la mente ideas y recuerdos importantes.
-La mamá- dice, él- hacía un caldo con patata, cebolla y pescado, colas y pescado de roca. Alguna galera- y algún cangrejo recuerdo yo también.
Esto lo servía en una fuente con aceite y unas gotitas de vinagre. El arroz, a parte. "Arroz a parte" sería la traducción de "arròs a banda", al que se le freía un par de gambitas peladas y un poquito de sepia o calamar regándolo luego con el precioso caldo de pescado.
El plato completo, la fuente con pescado las patatas, etc. era verdaderamente exquisito, haciendo las delicias de aquellos que gustban de "chuplar" los pedazos. La patata, en su punto de sal y con el vinagre, maravillosa... El arroz, ni que decir... Estamos ante un plato de pescadores, no ante un plato de gente adinerada, lo que sucede es que todo lo bueno está bueno.
...ni que decir que mi madre entendía de aquello. Hija de pescadores, estaba muy en contacto con la cocina pues mi yaya Marina cocinó profesionalmente.
¿Estamos ante la realidad del arroz a banda? Sinceramente no se que contestar pero intuyo que dadas las circunstancias si, creo que si estamos ante el plato tradicional valenciano del arroz a banda, un plato de pobres, de pescadores, en el que se incluía aquel pescado de gran calidad, el de roca, que no se vendería, y para matar el hambre, la patata, que seguro que se incorporaría más tarde a este plato tradicional. Arroz, la paella, el cariño y todo lo demás por supuesto.
Hoy día, en cualquier restaurante sólo dispondrás de un plato, un buen plato de arroz, pero alejado de las personas que lo crearon, pescadores que se dejaban la piel, y la vida en la mar.
viernes, 26 de diciembre de 2008
lunes, 15 de diciembre de 2008
El cine.
Ha tenido mucha importancia en mi vida. En primer lugar, por la presunción de salir del nido, de la casa de los padres. También por la formación del criterio, del gusto, y de la percepción de la vida, ya que el cine no es más que un reflejo de la vida.
El Cine Triunfo, el que véis en la ilustración, el Cine los Leones, y por supuesto el Cine Merp, y algún otro creo yo, fueron objetivo de mis primeras salidas en grupo. Los amigos en pandilla asistíamos a las sesiones de sábado o de domingo de varias horas, con trés películas. No costaba más de 25 pesetas.
El Cine Triunfo, el que véis en la ilustración, el Cine los Leones, y por supuesto el Cine Merp, y algún otro creo yo, fueron objetivo de mis primeras salidas en grupo. Los amigos en pandilla asistíamos a las sesiones de sábado o de domingo de varias horas, con trés películas. No costaba más de 25 pesetas.
Films como los "Cinco mónstruos del terror", hacían las delicias de los nanos y vaya, creo que fue esta una de mis primeras películas, al menos, que yo recuerde, criticando intensamente la "gran calidad" de la misma.
Poco a poco te ves madurar y te posicionas, dejas de ver sesiones interminables y te centras en otros cines, más del cento, de la ciudad se entiende, cines de estreno. Otros títulos y otras compañías.
Mientras tanto, la televisión también aportó su granito de arena pero creo que fué el cine, en paralelo a la lecturas de muchos buenos libros, el que me hizo tener una visión completa y compleja de la "narración".
¿Qué hubiese sido de mí sin el cine? Es una preguna obligada, y la respuesta es que sería muy distinto a quien soy. Creo que sin el cine no sería nada.
martes, 9 de diciembre de 2008
El pescado en el mercado.
Raro título, pero no puedo dejar de mencionar este recuerdo, cuando de niño, y no tan niño, mi padre me mandaba ir al Mercado del Cabanyal a comprar boga o sardina para pescar.
Solía darme un paseo viendo la mejor boga y la sardina más fresca, y oliendo ese profundo olor a pescado fresco. La luz incluso en el área donde se vende pescado es más cristalina, quizá por el reflejo en el hielo y en el propio pescado.
Formas y más formas y mil tonos de plata, pulpos, sepias, sorells, llisa, cientos de nombres y finalmente la boga o la sardina.
Me fascina incluso hoy día acercarme al pescado donde intento descubrir esa especie nueva de pescado que nadie conoce, o las conchas exóticas y los cangrejos, gambas y demás, que se mueven y palpitan entre las mayas.
La yaya Marina tenía una parada, un puesto en el mercado donde vendía lo que el yayo José y alguno de mis tíos pescaban. Marina, qué nombre para una mujer de pescador. José, marinero, pescador...
Mi madre me cuenta cosas de él, cosas de gran profundidad y valor, cuestiones respecto a los hijos que nada han cambiado desde entonces.
Solía darme un paseo viendo la mejor boga y la sardina más fresca, y oliendo ese profundo olor a pescado fresco. La luz incluso en el área donde se vende pescado es más cristalina, quizá por el reflejo en el hielo y en el propio pescado.
Formas y más formas y mil tonos de plata, pulpos, sepias, sorells, llisa, cientos de nombres y finalmente la boga o la sardina.
Me fascina incluso hoy día acercarme al pescado donde intento descubrir esa especie nueva de pescado que nadie conoce, o las conchas exóticas y los cangrejos, gambas y demás, que se mueven y palpitan entre las mayas.
La yaya Marina tenía una parada, un puesto en el mercado donde vendía lo que el yayo José y alguno de mis tíos pescaban. Marina, qué nombre para una mujer de pescador. José, marinero, pescador...
Mi madre me cuenta cosas de él, cosas de gran profundidad y valor, cuestiones respecto a los hijos que nada han cambiado desde entonces.
lunes, 1 de diciembre de 2008
El tiempo, antes era de otra manera.
No se si hacía más frío. Si que recuerdo en Valencia, en la Isla Perdida, los charcos congelados y a nosotros, los chavales cogiendo placas de ese hielo sucio. Algunas acequias heladas y un frío muy intenso de los de pantalón corto de los años sesenta, bufandita y guantes de lana.
Por la noche sin embargo el calor era diferente, entrábamos en la cama con nuestros pijamas y acurrucados nos tapaban con cariño hasta las orejas. Mantas de lana y de cariño para dar calor, sábanas limpias y duras por el almidón, besos de buenas noches y una pequeña luz que quedaba para que el sueño jugase con lo que aún era visible, la pared, el doblez de la sábana o el pico de la almohada, la mesita de madera o la propia lamparilla de luz amarillenta.
Claro que ahora soy yo, o lo he sido, el que va a tapar a los niños, a darles el último beso, y a decir "Bona nit..." con el alma. En estos momentos aún paso por la noche, muy tarde, para ver como están. Y es que se les quiere tanto...
Por la noche sin embargo el calor era diferente, entrábamos en la cama con nuestros pijamas y acurrucados nos tapaban con cariño hasta las orejas. Mantas de lana y de cariño para dar calor, sábanas limpias y duras por el almidón, besos de buenas noches y una pequeña luz que quedaba para que el sueño jugase con lo que aún era visible, la pared, el doblez de la sábana o el pico de la almohada, la mesita de madera o la propia lamparilla de luz amarillenta.
Claro que ahora soy yo, o lo he sido, el que va a tapar a los niños, a darles el último beso, y a decir "Bona nit..." con el alma. En estos momentos aún paso por la noche, muy tarde, para ver como están. Y es que se les quiere tanto...
jueves, 27 de noviembre de 2008
La isla perdida.
Cuando yo era niño... vivía en "La isla perdida". Es el nombre de un barrio de bloques más un bloque de viviendas conocido como el "Bloque rojo", que en el momento de la gran riada en Valencia quedó en seco debido a que estaban haciendo los cimientos y el suelo estaba levantado, era lo único se que veía sobre el "mar" de agua.
En este barrio, o mejor dicho, en los bajos de los bloques, se ubicaba el "Colegio de la Agrupación Mixta l'Alguer", que creo que fue de los primero colegios mixtos en la Valencia de los años 60. Hoy día están ocupados por jubilados y demás, y de hecho, el barrio está irreconocible. Pasó de ser una verdadera isla a ser un tortuoso entramado urbajo.
Del colegio mis mejores amigos, José Frias, José Alfaro, Juan Luján, José Huertas, Manolo, Panadero y Valdeolivas... Alfredo ya al final, vaya la memoria. Alguno más, seguro.
En el colegio, mis primeros problemas con las matemáticas, los verbos y muchas cosas más. Hay de Don Eliseo, Don Luís y Doña Carmen... Don Rafael, que parecía un esqueletito pequeño con muy mala leche, que a un tal Tomás pegó y pegó con su vara de bamboo hasta hacerle sangre en una oreja. Maldito Don Rafael, que me causaba descomposición de tripa, miedo, pánico.
Mientras tanto la vida en "La Isla Perdida", una maravilla, de barrio, y de todo, ya que el tiempo transcurría entre aventuras y más aventuras. Estaba en plena huerta y con poco que andásemos estábamos prácticamente en otro mundo.
Cazadores de ranas, piratas de ciruelos, recolectores de cebollas, patatas, melones y sandías, alguna carrera con los carabineros que llevaban un rifle de perdigones capaces de disparar sal. Las panochas y las gallinas de una alquería cercana donde había una mula muy mala que mordía.
Luego el instituto Santiago Apostol, filial del instituto Luis Vives, pero esto será en otro momento. En la isla, que es la cuestión la vida discurría como sólo es capaz de discurrir para un niño.
En este barrio, o mejor dicho, en los bajos de los bloques, se ubicaba el "Colegio de la Agrupación Mixta l'Alguer", que creo que fue de los primero colegios mixtos en la Valencia de los años 60. Hoy día están ocupados por jubilados y demás, y de hecho, el barrio está irreconocible. Pasó de ser una verdadera isla a ser un tortuoso entramado urbajo.
Del colegio mis mejores amigos, José Frias, José Alfaro, Juan Luján, José Huertas, Manolo, Panadero y Valdeolivas... Alfredo ya al final, vaya la memoria. Alguno más, seguro.
En el colegio, mis primeros problemas con las matemáticas, los verbos y muchas cosas más. Hay de Don Eliseo, Don Luís y Doña Carmen... Don Rafael, que parecía un esqueletito pequeño con muy mala leche, que a un tal Tomás pegó y pegó con su vara de bamboo hasta hacerle sangre en una oreja. Maldito Don Rafael, que me causaba descomposición de tripa, miedo, pánico.
Mientras tanto la vida en "La Isla Perdida", una maravilla, de barrio, y de todo, ya que el tiempo transcurría entre aventuras y más aventuras. Estaba en plena huerta y con poco que andásemos estábamos prácticamente en otro mundo.
Cazadores de ranas, piratas de ciruelos, recolectores de cebollas, patatas, melones y sandías, alguna carrera con los carabineros que llevaban un rifle de perdigones capaces de disparar sal. Las panochas y las gallinas de una alquería cercana donde había una mula muy mala que mordía.
Luego el instituto Santiago Apostol, filial del instituto Luis Vives, pero esto será en otro momento. En la isla, que es la cuestión la vida discurría como sólo es capaz de discurrir para un niño.
viernes, 21 de noviembre de 2008
Ya ahora yo?
Entre mis recuerdos está el de mi padre junto a mi madre en la cocina, donde en una mesa cuadrada con un hule a cuadros azules, y sobre una máquina de escribir verde marca Olivetti, mi padre se ajustaba las gafas dispuesto a leer algún artículo que despues enviaría al correo del lector de algún periódico.
Yo atendía y opinaba después. Algunos artículos eran verdaderamente buenos, otros no tanto, pero ahora tras todo este tiempo sin mi padre siento no haber atendido, un poco más.
Mi padre escribió mucho tiempo, y su afición, comparable a la de pescar le acompañó hasta el último momento de su vida.
En casa quedaron libros, notas, artículos, alguno inédito... pero es que no podemos meter una casa dentro de otra y muchas cosas quedaron atrás. Es una pena ya que me hubiese gustado revisar todo aquello y volver a ver, bajo sus ideas y opiniones su firma, Manuel Escorial Lázaro.
Yo atendía y opinaba después. Algunos artículos eran verdaderamente buenos, otros no tanto, pero ahora tras todo este tiempo sin mi padre siento no haber atendido, un poco más.
Mi padre escribió mucho tiempo, y su afición, comparable a la de pescar le acompañó hasta el último momento de su vida.
En casa quedaron libros, notas, artículos, alguno inédito... pero es que no podemos meter una casa dentro de otra y muchas cosas quedaron atrás. Es una pena ya que me hubiese gustado revisar todo aquello y volver a ver, bajo sus ideas y opiniones su firma, Manuel Escorial Lázaro.
lunes, 3 de noviembre de 2008
Cuidado... en la playa.
Mi padre siempre fue algo exagerado valorando los peligros. Insistía en lo traicionera que era la playa, lo peligrosas que podían llegar a ser las bicicletas y un montón de situaciones más que hoy día pueden llegar a ser algo grotescas.
Al ir a la playa con mis hijos he padecido cierta angustia, ya que realmente es muy peligrosa. Cuatro metros de distancia pueden llegar a ser decisivos. Respecto a las bicicletas, también con el corazón en un puño los he visto discurrir entre bancos y jardines haciendo gala de sus habilidades ciclistas.
Escribo esto debido a que cada vez más me parezco a mi padre. Jamás me dejó tener bicicleta y en su momento tener una moto era "misión imposible".
Hoy día conduzco una motocicleta BMW R 45 del año 1979, y aun siendo consciente del peligro que supone, disfruto de ella más de lo que esperaba disfrutar. Sin embargo no la deseo para mi hijo.
Vivo con cierta inquietud, más que miedo, de que suceda algo, veo peligros evitables con un poco de sentido común y es precisamente en este terreno en el que espero que discurran las cosas, en el del sentido común.
De la playa no hay que fiarse nunca y lo digo por experiencia propia. Quizá en otra ocasión...
Al ir a la playa con mis hijos he padecido cierta angustia, ya que realmente es muy peligrosa. Cuatro metros de distancia pueden llegar a ser decisivos. Respecto a las bicicletas, también con el corazón en un puño los he visto discurrir entre bancos y jardines haciendo gala de sus habilidades ciclistas.
Escribo esto debido a que cada vez más me parezco a mi padre. Jamás me dejó tener bicicleta y en su momento tener una moto era "misión imposible".
Hoy día conduzco una motocicleta BMW R 45 del año 1979, y aun siendo consciente del peligro que supone, disfruto de ella más de lo que esperaba disfrutar. Sin embargo no la deseo para mi hijo.
Vivo con cierta inquietud, más que miedo, de que suceda algo, veo peligros evitables con un poco de sentido común y es precisamente en este terreno en el que espero que discurran las cosas, en el del sentido común.
De la playa no hay que fiarse nunca y lo digo por experiencia propia. Quizá en otra ocasión...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
