viernes, 10 de octubre de 2008

Els núvols

No puedo evitar mirar al cielo, mirar las nubes y acordarme de mis seres queridos. De la yaya Teresa, la madre de mi padre, que fué la primera pérdida importante que viví. Yo era muy niño pero recuerdo perfectamente por la tarde mirando las nubes a través del cristal de la habitación de casa donde instalaron al yayo Manuel. Nubes plomizas y lluvia.

Con mi padre pescando, paseando, o charlando sobre mil cosas, las fuerzas de la naturaleza, aquellas que sobrepasan la fuerza del ser humano nos sobrecogían especialmente. Hablabamos de los volcanes los ríos el mar y las tormantas, la fuerza del rayo y lo pequeños que somos.

Estos días de gota fría me acuerdo de mi padre. Miro las nubes densas y oscuras correr sobre un fondo de nubes que parece más estático y me parece sobrecogedor.

En la ducha mientras el agua caliente cae sobre mi, abro la ventana y miro al cielo. El aire frío se mezcla con la calidez del agua, y el cielo parece que me muestra imágenes de mi vida pasada. A mi yaya , a mi padre, incluso a mi madre.

No no te extrañes de esto último, últimamente ante las dificultades de la vida invoco a los vivos más que a los que ya no están.

¡Madre mía ayúdame... ! digo para mis adentros pero la vida creo que no escucha las súplicas de nadie y al final sólo acontece lo que tiene que acontecer.

Rayos, lluvia y nubes, muchas nubes me conectan con momentos que pasaron y con personas que ya no están. También me sobrecoge el alma la fuerza imparable de lo que me rodea y finalmente invoco a mi madre ante ciertos problemas de la vida. Creo queme estoy haciendo mayor.

martes, 16 de septiembre de 2008

La Playa de La Patacona.

Esta localización toma el nombre de un restaurante, La Patacona, en Alboraia.

En esta playa se veían unas casitas, dunas y la playa, en un estado semi-salvaje, muy distinto de la Playa de las Arenas. Era agreste y árido, no sabría como explicarlo pero vamos, con cierta... rusticidad playera, y mucha esencia.

En El Círculo de Bellas Artes de Valencia se realizó un concurso-exposición sobre la playa. Hizo un día de perros, con bastante aire y muchas incomodidades.

Yo pinté, hice una acuarela con las casitas de La Patacona como tema. Y la verdad es que estoy muy contento con el resultado. Otros "artistas" pintaron el Cabanyal, más playa y lugares comunes de la zona.

No gané nada pero me divertí viendo como los: don fulano y don mengano, se ponían las botas comiendo papas y bebiendo cerveza en la inauguración del concurso-exposición.

La acuarela la tiene actualmente mi suegra en su comedor. Me parece algo ingénua pese a que me trae muchos recuerdos.

viernes, 29 de agosto de 2008

La galera.


Desde que tengo recuerdos, me ha gustado todo lo relacionado con la fauna marina. Me hubiese gustado tener un acuario marino en casa, y pensaba que con reponer agua de la playa tendría bastante.

Una especie que me llama la atención es la galera, Squilla mantis (Linneo 1758), por su color fantasmal tal vez, o por la rapidez del disparo de sus patas, o quizá, por lo viva se se mostraba sobre el mármol de las paradas del mercado.

Está claro que este Blog no es de biología pero evidentemente cabe todo aquello que tiene cierto sentido para el que lo mantiene.

Una de las cuestiones "curiosas" de esta historia es que de los animales marinos que reconozco, la gran mayoría los conozco y reconozco en valenciano, como la salpa, el sargo, el llobarro, la llisa, el esparrallón, la doblada, la boga, el rèmol, el sorell... y asi muchos. Téngase en cuenta que algunos nombres son coincidentes en diferentes idiomas, pero bueno es el nombre que se les daba en casa.

*En las ilustraciones, la galera, que bien bonita es, tomada de Internet.

jueves, 28 de agosto de 2008

Faltaba uno: el cangrejo ermitaño.


Con este cangrejo no tuve tanto contacto directo, eso si, entre la morralla y las tellinas que había en el mercado, solía verse alguno, al igual que caballitos de mar, estrellas y algún que otro pescado raro.

Era fascinante entrar de buena mañana en el Mercado del Cabanyal y oler a pescado fresco, las variedades, formas y colores brillaban como si fuesen tesoros.

De joven, solía ir con los amigos a bucear, cogíamos clóchinas, lapas, pulpos, caracoles marinos... y algún que otro cangrejo ermitaño pero al no poderse comer, quedaba inmediatamente libre. Entre nosotros los peces salían disparados y huían ante nuestra presencia.

En apnea solíamos bajar a bastente profundidad.

*La ilustración corresponde a un cangrejo ermitaño (Pagurus bernhardus), y está tomada de Internet, de un lugar dedicado a la educación.

jueves, 21 de agosto de 2008

Y ahora una de bichos, bueno... de cangrejos.

No se como ha surgido el tema, quizá debido a los recuerdos o por navegar en la Red, la cuestión es que me he visto capturando un par de imágenes de cangrejos que me resultaban familiares.

Se trata de dos cangrejos, el "cangrejo peludo" y el "cangrejo corredor", al que yo conocía con el nombre de "carranc merder" en valenciano, debido a que suele comer desperdicios.

Realmente se trata de el cangrejo peludo, Eriphia verrucosa (Forskal 1775), el de arriba, y el cangrejo coredor, Pachygrapsus marmoratus (Fabricius 1787), el de abajo.

Ambos cangrejos en cuestión tuvieron mucha presencia en mi niñez ya que quizá debido a mi tremenda habilidad para coger todo tipo de bichos, cada vez que iba con mi padre a pescar al puerto, cogía varios de ellos. Cangrejos que alimentaban mi curiosidad, ya que jamás maté a ninguno, sólo los "cazaba" y observaba con la corespondiente puesta en libertad.

Hace unas pocas semanas en un paseo por el puerto de Pobla de Farnals, me acerqué al agua y con un rápido movimiento de mano en la dirección adecuada, anticipando el movimiento del cangrejo cogí uno de estos curiosos animales. Se trataba del cangrejo corredor, y he de reconocer que me fascinó de nuevo poder observar de cerca su patas, las pinzas y el brillante caparazón.

martes, 19 de agosto de 2008

Como en un sueño.

De niño, cuando hacíamos pellas, o fuchina, como nosotros llamábamos a no ir al colegio, alguna vez nos acercamos a la playa. La Playa de la Malvarrosa era terreno de juegos, futbol para el que quería futbol y aventuras para los que querían otras cosas.

Las barcas varadas en la arena aportaban cierto componente espacial en el que de la llanura arenosa surgía como una entidad propia, como una obra de arte o un espacio "especial", un paisaje interior.

Entre ellas jugábamos, hasta que un día, una pareja de la Guardia Civil se acercó al terreno de juego.

Bueno, poco más y nos meten al calabozo, de hecho, por contestar simplemente y de la manera más sencilla posible a las preguntas que nos hacían, nos amenazaron con darnos alguna ostia. Aquello quedó en nada pero en el recuerdo, como en un sueño me veo entre las barquitas riendo con mis amigos.

Al escribir esto me entra congoja, añoranza, y cierta tristeza.


*La imagen está tomada de Internet y viene a expresar ese sentido de no realidad de los sueños. Parece que se trata de una gamela, embarcación tradicional gallega pero que a los efectos, es válida.

domingo, 17 de agosto de 2008

Una nueva visión de la playa.


Las nuevas tecnologías vienen a aportar a las playas una nueva dinámica y una nueva manera de utilizarlas. No obstante siempre podemos observar un uso más tradicional.



La imagen de una chica con un libro quizá sea menos sugerente que la del "ángel caido" pero ambas imágenes están tomadas desde el mismo lugar, y con una diferencia de pocos segundos en la Playa del Saler.

¿Sorolla hubiese pintado esto mismo?